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El cielo asemeja un sucio colchón, gris y manchado por las rasgaduras de su tela, que dejan ver los jirones que algunos llaman nubes. Tensas virutas de este cielo roto caen sobre mi cuerpo en fríos cristales, y me devuelven a la realidad por un instante. Los caminos han muerto hace horas, ahogados por esa miasma blanquecina, con el pálido color de un cadáver desangrado, cubierto de negras heridas color de barro. En el reino del norte, donde un cadáver dicta el orden sobre súbditos cansados, los poetas pusieron colores a los sentimientos, un concepto que acecha en la mente, que pisa la cola del reptil que vive en nuestra medula, y le insta a morder. En el norte la tristeza es azul, un azul medianoche, oscuro, apabullante y frío..... polar.....índigo, el color al final del espectro.
Hechizado por esta sombra observo como el plomo del cielo es hendido por esta terrible oscuridad, como el cautivo astro agoniza entre carmesíes estertores de dolor, como el rojo se convierte en azul, en índigo, y finalmente la oscuridad triunfa.
Y en la glacial tiniebla que es esta noche no se distinguen luces que guíen al navegante, hace tiempo que las envenenamos como si fueran luciérnagas infames, que cubrimos con una tela gris de ambición y poder su diáfano brillo, y nuestra hermana pequeña, enferma e hinchada, como carne muerta sobre agua estancada, ya no devuelve brillos de triunfo.
Que se hizo del páramo primigenio?, que, del bosque altivo?. Ya no se oyen las voces de sus cantores, ya cadenas de miedo lo hicieron cautivo. Quisimos hacerlo, y pudimos.... ahora debemos preguntarnos si debimos...
Ya nadie teme la noche, la luz alcanza todos los rincones del mundo. Ya no hay tigres en la espesura, y solo el hombre es lobo para el hombre. Hemos desterrado el miedo, vencido a la oscuridad, aplastado al mal, y sin embargo también hemos matado, con nuestros miedos, nuestro valor.
Ya no hay héroes. Alabamos gestas huecas, corazones vacíos, humo y espejos, y en nuestra vacua vanidad, creamos dioses de la nada solo para deshacerlos poco después, como niños jugando con castillos de arena. Donde queda la aventura si ya no hay fronteras?, donde, el desafío si reclamamos como incontestable nuestro derecho a la vida?, que es el hombre sino un pobre huérfano de sus mitos?.
No podemos pedir responsabilidad a dioses ni a monstruos. No podemos tomar la sencilla senda de la fe. Nacemos con el alma mutilada, en el frío vientre de nuestra ciencia, moldeados por las pasiones del cuerpo, e ignoramos las del alma... No hay disfrute en crepúsculos ni amaneceres, no nos fascina la aurora, no nos asusta la tormenta ni nos cautiva la nieve....
Yo quiero volver a ese bosque, a esa selva, corazón de la oscuridad que habita en nuestras almas. Yo quiero sentir la garra del miedo en mi corazón, notar latir mis sienes ante el peligro, beber las fuentes del valor, forjar imperios y verlos caer.... Pero ya no quedan caminos que recorrer, sendas por hollar, ni mares que navegar.
Y sin embargo, ese momento único e irrepetible, mágico y maravilloso que es el caer de la nieve....ese manto prístino y maravilloso de terrible blancura, esa efímera paz que envuelve al mundo hasta que volvemos a pisarla.... A veces merece la pena haber morado en penumbra, envuelto en un sudario de colores suaves, ahogado en un mar de estridencia para vivir ese leve instante perfecto, ese minuto de eternidad.
Aun recuerdo aquella nieve, y sonrío.....
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